Peón Negro: la Torre de Babel del ajedrez

 

Peón Negro: la Torre de Babel del ajedrez.Gente de distintas culturas, de 11 países diferentes, con diversas lenguas… Y un idioma común: el ajedrez. El juego-ciencia convoca prácticamente a diario a una peculiar familia en la sede de Peón Negro. El club de Comtes de Bell-lloc se ha convertido en el lugar de reunión de un grupo apasionante. Una Torre de Babel en pleno corazón de Barcelona en el que aprenden y disfrutan desde los veteranos hasta los recién llegados.

Quizá hoy pueda decirse que los éxitos de las dos últimas temporadas han llamado la atención de los jugadores, y que quien se interesa por Peón Negro intuye que encontrará un lugar para practicar, recibir clases, leer o comprar artículos relacionados con el ajedrez. Pero la fama que se ha labrado el club, si bien atrae y orienta a quienes buscan disfrutar del deporte de las 64 casillas, no impide que quien cruza la puerta de la sede por primera vez acabe sorprendido y, en cierto modo, atrapado por el ajedrez y por el ambiente que allí se respira. Para otros, muchas veces recién aterrizados en Barcelona, la casualidad o el destino le brindaron con Peón Negro una de las más gratas sorpresas que podían esperar de su estancia en España.

El primero en conferirle su particular carácter internacional al club fundado por Sergio Vela fue Stefan Afteni. Originario de Ialoveni (Moldavia), lleva media vida afincado en Barcelona. Se convirtió en el socio número 2 de Peón Negro incluso antes de que la sede quedase inaugurada de forma oficial, allá por verano de 2017. Y, desde entonces, la familia no hizo más que crecer.

Antes de terminar aquel año, desde el estado mexicano de Michoacán, desembarcaría en Barcelona Humberto Hernández. Su historia posiblemente haga a muchos socios sentirse identificados. Una ciudad nueva. Inmensa. Ningún conocido. Nostalgia por el hogar, la comida y por ese lugar en el que solía jugar al ajedrez. Había cosas imposibles de sustituir, pero antes incluso de adaptarse a su nueva etapa, Humberto buscó clubes para retomar su pasión. Y no fue Peón Negro el primero -alguien se estará tirando de los pelos- en el que exhibió su talento… Pero lo cierto es que una tarde terminó en el local de Bell-lloc y, después de varias partidas rápidas, ya era un peón negro más.

Los equipos comenzaban a tomar forma. Crecía el número de socios y se disparaba el nivel del club. Entonces se incorporó una familia de origen boliviano, aunque ya buena conocedora del ajedrez catalán. Felipe Delgadillo y Ximena Vidal se sumaron al proyecto. Y con ellos llegó al club su hijo Arnau. Porque si las distintas nacionalidades enriquecen al Peón Negro, el desparpajo y la ilusión de los más pequeños también ha hecho del club un referente en el deporte escolar.

El primer año de competición reportó un sinfín de satisfacciones a los representantes de la entidad de Les Corts y, entretanto, les brindó innumerables ocasiones para compartir un desayuno antes de las partidas o un almuerzo al terminarlas. También, cenas y cervezas para desconectar después de una exigente tarde de partidas blitz. Sin duda, Peón Negro se hizo un importante hueco en la vida de quienes tuvieron la fortuna de llegar al club, ya sea desde el extranjero o de la otra punta de España.

Siempre abierto (mañanas y tardes, de lunes a viernes; algunos sábados, y las mañanas de domingo en las que hay torneos). Esa facilidad convierte a Peón Negro en un punto de encuentro habitual. Entra y sale gente durante todo el día. Después de casi dos años, la amistad, la camaradería y las bromas comparten espacio con el silencio de las partidas, los sonidos de las piezas al ser capturadas o el de los relojes cuando el apuro de tiempo acelera las pulsaciones. Cuando llega alguien nuevo, no importa de dónde venga: El ritual se repite. Y la atmósfera es adictiva.

¿Una partida? Nunca fue sólo una partida… Que se lo pregunten a José López ‘Pipe’, taxista nacido en Cali (Colombia) que cada vez que puede detiene su coche junto al club para seguir con esa infinita serie de partidas que encuentra en Bel-loc. Aunque los acentos sudamericanos no terminan con él. Mientras Manuel Hernández perfecciona la apertura venezolana, Gabriel Alcoba hace lo propio con el gambito uruguayo y Martin Salgado clava los codos para causar siempre problemas a su rival con su característica competitividad argentina.

El clima generado en el club cuenta con algo especial. De hecho, ha conseguido enganchar a aficionados procedentes de lugares completamente distintos. Tal es el caso de Valentina Ciobanu, nacida en Rumanía; Ahd Amusa, de Sudáfrica; o Louis Lima, nacido en Guatemala, pero que recaló en Peón Negro después de haber practicado el ajedrez de calle y de club en Nueva York. Todos han encontrado eso que buscaban del ajedrez en Barcelona y, de paso, una pequeña gran familia en torno al deporte. Todos la hacen más grande. Y todo empezó con una inocente pregunta: ¿Qué tal una partida? How about a game?

José Manuel Domínguez